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La familia gitana de O Vao renuncia a la casa de Pontecaldelas al no reunir el dinero para comprarla

La casa del lugar de Vilarcháns, en el municipio de Pontecaldelas, no será finalmente para la familia de etnia gitana de O Vao (Poio). Finalmente la razón no ha sido on racismo o discriminación, sino que la familia no ha conseguido el dinero necesario para cerrar el contrato de compra por valor de 240.000 euros.

A pesar de los esfuerzos realizados ayer por obtener un crédito de 84.000 euros que, sumados a la hipoteca de 120.000 y a los 36.000 más de subvención les permitiera juntar lo pactado, la familia Jiménez seguirá, por ahora, en el conflictivo poblado chabolista. Y es que esa búsqueda de última hora se debió a que la ayuda de la Xunta no cubría la mitad del coste total de la vivienda, tal y como esperaban los interesados.

No obstante, el periplo de la venta ha servido para abrir un debate que la Asociación del Pueblo Gitano pretende trasladar al Parlamento de Galicia y con el que se quieren destapar las situaciones de discriminación "social, laboral y de acceso a la vivienda" que se dan en la comunidad autónoma. Para ello, el presidente del colectivo, Sinaí Giménez, acudió ayer a la oficina del Valedor do Pobo, donde le ofrecieron una serie de directrices para dar forma a esas denuncias a fin de que las estudie y encauce el responsable de esa institución, Benigno López.

En el apartado laboral, Pueblo Gitano censura casos como el del Ayuntamiento de Tui, gobernado por el popular Antonio Fernández Rocha. Sinaí Giménez afirma que se ha recortado de forma abusiva la presencia de vendedores ambulantes a través de una normativa aprobada en pleno "y es sólo porque son gitanos", dice. "Llevamos más de 20 años vendiendo allí, si nos quitan el trabajo a ver qué vamos a hacer", lamenta. De ahí que insistan en explicar que el caso de Vilarcháns no es un hecho aislado y, a pesar de que llevan "años denunciando, no se hace nada". "Ha llegado el momento de que el Gobierno tome cartas en el asunto y deje de mirar para otro lado porque nosotros vivimos en Galicia y pagamos nuestros impuestos", afirmó Giménez.

En lo que al acceso a la vivienda se refiere, el colectivo asegura que algunos propietarios les cierran la puerta porque tienen "otro color de piel y lo desconocido genera desconfianza". De hecho, afirman haber descubierto en diversas ocasiones cómo fueron engañados por los dueños de las casas ofertadas al hacerles creer que ya habían sido ocupadas.

En el caso de Vilarcháns, reconocen que lo insólito es la unión de los vecinos. Fuentes próximas a los gitanos explicaron que "todo este lío lo han montado la dueña de la casa y los vecinos", a los que acusan de haber protagonizado un episodio racista. "Ella no quería vender la casa a esta familia, en cambio, su ex cónyuge se ha portado como un caballero y ha mantenido su palabra". Fue precisamente la divergencia de opiniones entre el matrimonio propietario, ya separado, lo que dio lugar al confuso desenlace.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de octubre de 2007